ENTREVISTA A VICTOR GÓMEZ PIN, POR TONI RÍOS

Entrevista al filósofo Víctor Gómez Pin

Presentación

Víctor gómez Pin pregón

El pasado trece de abril, el profesor Víctor Gómez Pin nos acoge en su despacho de la Facultad de Filosofía y Letras de la UAB y nos dedica, generosamente, parte de su escaso tiempo. Aprovechamos para conversar sobre diversos temas en los que nos aporta su particular e interesante perspectiva.

Víctor Gómez Pin nació en Barcelona en 1944. En los años sesenta se trasladó a París, el epicentro de la cultura y el conocimiento, donde estudió filosofía, asistiendo a las clases y los seminarios de prestigiosos filósofos como Foucault, Deleuze y Lacan, entre otros. Basó su tesis doctoral en el orden aristotélico, por la cual fue reconocido Doctor en Estado. Desde entonces ha ejercido como profesor en las universidades de Dijon, Paris, el País Vasco, Venecia y, actualmente lo hace en la Universidad Autónoma de Barcelona, en la que enseña la asignatura de Filosofía y matemáticas. En 2009 recibió en Venecia, el Premio Internacional del Instituto Veneto di Scienze, Lettere ed Arti. Además, cada año organiza junto al compositor Tomás Marco el Encuentro Música-Filosofía que se celebra en Ronda.

De su paso por el País Vasco conserva una extraordinaria relación: continúa siendo el coordinador del Congreso Internacional de Ontología que se celebra en San Sebastián bajo el patrocinio de la Unesco y, en el cual, destacadas figuras mundiales de la ciencia y el pensamiento se reúnen cada dos años. Desde 2013 es miembro de Fakiunde, la Academia de las Ciencias, las Artes y las Letras de Euskadi. El próximo mes de junio será investido Doctor Honoris Causa por la Universidad del País Vasco.

A Víctor Gómez Pin le contemplan más de una veintena de publicaciones, entre las cuales destacan Filosofía, el saber del esclavo; premio Anagrama de Ensayo en 1989, y Entre lobos y autómatas, premio Espasa de ensayo en 2006. Justamente el día anterior a la entrevista, El País publica su obra Pitágoras, incluida en el coleccionable Descubrir la Filosofía.

Entrevista

P: –Es usted un espíritu cosmopolita.

R: –A mi me gustan los sitios donde he estado, donde he encontrado alguna razón para creer que eran admirables. Más que cosmopolita, diría que en todas partes me he encontrado bien. Cosmopolita no quiere decir casi nada, sólo se dice de alguien que no quiere comprometerse respecto a lo concreto.

P: –Kant sí creía en el cosmopolitismo.

R: –Entonces el cosmopolitismo tenía otro sentido. Ciudadano del mundo es una manera de no decir absolutamente nada. Desde el punto de vista jurídico no hay más ciudadanía que la del carnet de identidad. Desde el punto de vista filosófico, uno se reconoce, se vincula a una cierta polis. Así soy yo ciudadano, en ese sentido. Guardo estrecha relación con París, Ronda o Venecia, por decir tres.

P: –En el mundo globalizado de ahora, cómo interpreta usted las reivindicaciones identarias de algunos territorios como el nuestro.

R: –El localismo que existe ahora es una reacción y casi un corolario de la propia globalización. Hay que delimitar qué se entiende por globalización y también qué se entiende por reivindicación de lo propio. El hecho de que internet funcione en todas partes y esto suponga que debas responder al correo electrónico aún estando en el Amazonas, es una globalización triste. Si se entiende por globalización algún tipo de generalización de la riqueza, no la hay tal. En todo caso, lo que se está generalizando es la miseria. En cuanto a la difusión de la lengua inglesa, el latín tenía en aquella época muchísimo más peso globalizador que el inglés de ahora. Desgraciadamente, la globalización está con los poderes económicos que rigen los destinos de la humanidad. Esa es la que yo constato y que me gustaría que no la hubiera. Por otra parte, no hay mejores raíces que las perdidas. Si por una reivindicación de los rasgos propios se entiende algo como que los vascos hayan recuperado su lengua, que estaba absolutamente amenazada y no solo por cuestiones franquistas, estoy a favor. Las casas son las mismas ahora en Estocolmo que en Sevilla. Esto va en contra de la condición natural del ser humano, un ser condicionado también por la geografía. Deberíamos ser más respetuosos. Si el retorno a lo local favorece la diversidad de las formas de vida, de los hábitos, las costumbres, las lenguas, las tradiciones festivas y espirituales, la arquitectura y, en definitiva, la cultura, entonces me parece bien. Todo depende con qué espíritu se contemple.

P: –Se presenta un 2015 políticamente apasionante. En el horizonte, elecciones municipales, autonómicas y nacionales. Como cree que influirá la irrupción de las nuevas formaciones políticas en el tablero democrático.

R: –Nuestra sociedad está desde el punto de vista político, atascada. Hay unos poderes que controlan toda salida. Los poderes determinan nuestra cotidianidad: un trabajo embrutecedor y un ocio todavía más embrutecedor. Puede ser que dada la situación, algunas de las nuevas formaciones jueguen un papel desatascador. Yo tengo enorme simpatía al movimiento que propone Ada Colau en mi ciudad, Barcelona. Contrariamente al discurso político que nos rodea, ella es sensata, prudente y valiente por reivindicar la dignidad de los ciudadanos. No soy optimista en que lo pueda llevar a la práctica, pero una cosa es no conseguir la dignidad y otra muy diferente, renunciar a ella. Barcelona se halla sometida a la especulación, en su relación con el turismo y con las infraestructuras. No creo que los poderes reales le vayan a permitir poner coto a ese desmán. No obstante, es muy lícito que lo proponga.

P: –Dice usted que se fue muy joven a París a estudiar filosofía. Por qué París y por qué filosofía.

R: –En aquella época París era indiscutiblemente la ciudad faro. Además tuve muchísima suerte. Pude cursar allí mis estudios totalmente gratis. Sólo tuve que pagarme el seguro obligatorio. París era entonces, un hervidero de pensamiento y de oportunidades. Allí confluía el pensamiento de Foucault, Deleuze, Lévi-Strauss, Thom, Lacan, Aubenque, etc. Yo pude asistir a los seminarios de Foucault y de René Thom, el gran matemático. También a las clases de Aubenque. La gran constelación filosófica confluía en Paris y garantizaba a cualquier estudiante tener una perspectiva fresca, lúcida y también rebelde. También hubieron acontecimientos políticos. Estuvo mayo del sesenta y ocho, que a pesar de formar yo parte de él desde el primer día, no lo mitifico en absoluto. Iba a clases cuando se ocupó la Sorbona. De alguna manera, fue una especie de festival san ferminero. Todo ello supuso un impulso a la filosofía. Después del sesenta y ocho, las facultades de filosofía se llenaron. Por qué filosofía. Me parecía que era algo más que una disciplina particular con intereses determinados. La filosofía supone dignidad a través de la lucidez.

P: –Doctor en Estado por la Sorbona, fundador del departamento de filosofía de la Universidad del País Vasco, coordinador del congreso internacional de ontología y ensayista premiado y reconocido. Ha sido la filosofía justa con usted.

R: –En todo caso yo he sido, como mínimo, agradecido con la filosofía. Si tuviera que defender el papel de la filosofía en el seno de las disciplinas, diría que aporta, como dijo Aristóteles, unidad focal de significación. Sin ello, cualquier disciplina puede ser reducida a la insignificancia. De alguna manera ha sido una unidad focal de significación en mi propia vida. La reivindico como ciudadano y también como individuo.

P: –Cuales deben ser los requisitos para ser filósofo.

R: –Aspira a la filosofía aquél que aspira a la realización de su condición de ser lingüístico. Como reivindico en mi último libro, publicado justo ayer, que habla sobre Pitágoras: la filosofía es la gran aportación de los griegos a la historia de las civilizaciones. Nace en un contexto y se hace universal. Quizás la ciencia también. Los primeros científicos, los jónicos, se convierten en los primeros filósofos. La filosofía debería ser fertilizada y apoyada por cada uno de nosotros. La Unesco la definió como educadora de la humanidad, por eso mismo, creo que debería ser patrimonio de la humanidad.

P: –En 2016 se cumplirán 2400 años del nacimiento de Aristóteles. Qué significa Aristóteles para usted.

R: –En el próximo Congreso Internacional de Ontología en San Sebastián, haremos una excepción y homenajearemos el veinticuatro centenario del nacimiento de Aristóteles. Aristóteles es el que plantea sistemáticamente los problemas filosóficos. Formula las interrogaciones de manera explícita, lo cual nos ha provisto de un corpus, de un legado de cuestiones pertinentes. No siempre sus respuestas fueron adecuadas, pero, en cualquier caso, las preguntas sí lo fueron.

P: –Qué otros autores le interesan a usted.

R: –Indiscutiblemente Descartes. Obviamente Kant. Y, en conjunto, a pesar de mi escasa formación religiosa, la filosofía escolástica. Tomás de Aquino, Duns Scoto, Guillermo de Ockham y el gran Francisco Suárez. Cada uno hace las cosas dentro de un marco, y estos autores utilizaron la influencia cristiana de la época para proponer sus cuestiones filosóficas. Cuando Luis de Molina hablaba del problema de la predestinación y de la gracia, estaba planteando un problema que hoy se halla a la luz de la mecánica cuántica: la posibilidad de intervenir en el pasado, en una reflexión prodigiosa sobre el principio de causalidad. Para entender la relación entre necesidad natural y ley social, nadie como Duns Scoto. Nadie.

P: –Actualmente mucha gente se cuestiona la utilidad de los estudios de filosofía, así como sus expectativas de futuro. Cómo encaja la filosofía en un entorno tecnificado y en exceso especializado.

R: –La filosofía nunca ha tenido futuro real. Siempre ha sido la lucha contra la estulticia. En estos momentos la estulticia social es absolutamente insoportable. Por ejemplo, leí en un diario que Barcelona pretende acoger cincuenta maratones al año. Cada uno corre si quiere, pero esta especie de obligación de correr es como un vicio. La filosofía nunca ha estado bien vista. Descartes y Leibniz, entre otros, estuvieron bajo sospecha. Servet huyó de la inquisición española a Ginebra y allí lo quemaron. Y todo por decir que la sangre circulaba. Aristóteles decía que las cosas importantes de la vida exigen la libertad. Qué sería de la filosofía, si hubiera de desarrollarse exclusivamente en libertad. Olivier Messiaen compuso su cuarteto para el fin de los tiempos en un campo de concentración. Paul Ricoeur escribió buena parte de su obra filosófica en un campo de concentración. La estupidez ayuda que parezca soportable aquello que es contrario a la dignidad humana. Contra todo ello combate la filosofía. Leer a Descartes es una operación de limpieza. Desatasca el espíritu.

Foto el valor del juez

P: –El carisma de Francisco I, la difusión del Islam. Ante este panorama, cual es el papel que va a jugar la religión en el futuro próximo.

R: –A Lacan le preguntaron en Roma sobre el futuro del psicoanálisis y respondió que ninguno, que la religión acabaría por triunfar. Yo distingo ciertas formas de religiosidad popular muy dignas, como formas que tiene la persona de vincularse con su exigencia de absoluto, de las grandes instituciones eclesiásticas, cuyo poder explota los sentimientos de religiosidad de la gente. Existe una rivalidad entre el islam y el cristianismo, una competencia por el mercado. Efectivamente, hay un mercado, el de la compasión, el de la genuflexión, el del temor. En estos momentos, el islam se populariza, gana adeptos, quizás más que el cristianismo. Parece, pues, que el Papa Francisco I ha venido a paliar la situación, a ganar competencia en este mercado.

P: –Usted es miembro de Fakiunde, la Academia de las ciencias, las artes y las letras del País Vasco. A cual de estas esferas de conocimiento se halla usted más próximo.

R: –La filosofía, como dice su nombre, ni es ciencia, ni arte, ni letras. En el Conflicto de las facultades dice Kant que la filosofía ha de ser un departamento entre otros y, sin embargo, toda la universidad. La filosofía no se reconoce una disciplina especializada. Se nutre de las ciencias para su objetivo que, como dije antes, no es otro que devenir unidad focal de significación. En cuanto a la asignatura que imparto, Filosofía y matemáticas, la matemática ha atravesado la historia del conocimiento, tanto del físico como del metafísico. Es fundamental para los pitagóricos, para Platón, Galileo, Descartes, Leibniz y Kant, por citar algunos. Se trata de una antigua conexión, de una vieja tradición. Por otra parte, se ha creado una especie división en el seno mismo de los departamentos de filosofía, en forma de áreas departamentales muchas veces inconexas, que puede tener consecuencias catastróficas. Por suerte y por su diseño original, a la Facultad de filosofía de la UAB no le ocurre eso.

P: –En las últimas décadas se ha producido un progreso científico y tecnológico exponencial que ha dado lugar al desarrollo de la medicina, la genética, la informática y la energía. Sin embargo, estos progresos no han redundado en el beneficio del colectivo humano, sino que parecen, incluso, haber generado desigualdad e incertidumbre. Qué explicación tiene esta contradicción.

R: –Yo empezaría por no confundir ciencia con tecnología. La técnica es anterior a la ciencia. La técnica marca la condición humana y la ciencia nace como exigencia de inteligibilidad. Los griegos introdujeron el postulado de que la naturaleza es inteligible. A ellos les debemos la consideración de la ciencia como inteligibilidad de la necesidad natural. Dicho de otra manera, la ciencia aspira a la inteligibilidad, la tecnología, por definición, sólo a los intereses prácticos. Entender las cuatro fórmulas de la relatividad restringida de Einstein te transforma verdaderamente. En cambio, la cacharrería te crea necesidades de las cuales, en ocasiones, no estaría mal liberarse. Tampoco se debe confundir lucidez con información.

P: –Usted cataloga al ser humano como homo loquens.

R: –El hombre es un ejemplar de lenguaje. Antes había un primate.

P: –El lenguaje emocional juega un papel importante en la condición humana.

R: –La poesía es un lenguaje emocional. “La piedra es una espalda para llevar al tiempo con árboles de lágrimas y cintas y planetas”. Estos versos pertenecen al Llanto de Lorca, uno de los episodios más bellos de la poesía universal. Las metáforas conmueven. Mientras el lenguaje animal utiliza un código de señales que sólo sirve a la subsistencia, el lenguaje humano aporta otras perspectivas. El lenguaje animal difiere del lenguaje humano básicamente en dos puntos: la inteligibilidad y la poesía.

P: –Sobre la base de la naturaleza resulta la cultura. Ese podría ser el hombre.

R: –El hombre es un momento prodigioso en la historia evolutiva. Una revolución tan grande como la que supuso la aparición de la vida. El lenguaje humano, al igual que la vida es, literalmente, una emergencia. Se trata de un lenguaje extraño, de un código de señales que no se reduce a la comunicación y que no está al servicio de la subsistencia. El suicidio, por ejemplo, obedece a razones lingüísticas. El terrorista que desprecia tanto la vida de los demás como la suya propia, está bajo la influencia de una poderosa narración.

P: –Qué lugar ocupa el Quijote en nuestra cultura.

R: –Un amigo, escritor español, por cierto, me preguntó en París, si había leído el Quijote. Había leído muchísimas veces En busca del tiempo perdido de Marcel Proust, pero al Quijote llegué tarde. Me pareció un libro admirable y divertidísimo. Alterna como ninguno momentos de ironía y diversión con momentos de empatía y compasión. La compasión es un término curioso: pathos. No es lo mismo el pathos inmediato que el pathos mediatizado por el lenguaje. Los animales pueden padecer con el otro, pero nunca de manera lingüística. El perro quiere a su amo, pero el amo proyecta sobre su perro una dimensión lingüística.

P: –De hecho, en el ensayo La mirada de Proust, usted comenta que el lenguaje no es un medio sino un fin en sí mismo.

R: –El lenguaje tiene la doble necesidad de la inteligibilidad y la simbolización. La perduración queda excluida. La mecánica cuántica es una mirada prodigiosa sobre la naturaleza, una excelsa construcción lingüística, al igual que el Quijote.

P: –Que diría que es anterior, el lenguaje o la capacidad intelectual.

R: –Anterior en el tiempo es, con seguridad, el cerebro. No se puede negar que en la historia evolutiva hay un momento en el cual pasa algo, se cruza una frontera. Aunque la frontera entre los códigos de señales y el lenguaje es más equívoca de lo que, a priori, pudiera parecer. Sucede como en la vida. Los virus, por ejemplo, están en el tránsito entre lo que es vida y no vida. El lenguaje humano traspasa la frontera de la utilidad adaptativa para la subsistencia cuando la simbolización y la inteligibilidad que le caracterizan valen por sí mismas. Entonces, el fin de la poesía es expresar o es, quizás, fomentar emociones. Ese puede ser el dilema. El Nabí de Josep Carné, al que apenas se estudia ya en las facultades y así le va a la educación, es un ejemplo extraordinario. También Garcilaso, al que tampoco se estudia demasiado. Todo esto es lo que viene a denunciar la filosofía. Claro que la filosofía se reconoce tanto en Garcilaso como en Einstein, porque ambos son la condición humana. Son el símbolo y la inteligibilidad no subordinadas a la subsistencia.

Agradecimientos  

Gracias al profesor Víctor Gómez Pin por dedicarnos su tiempo e ilustrarnos con su conocimiento.

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