PROTORELATOS: UN POLLO GIGANTE (UN RELATO DE JUAN PABLO BEAS)

polloJuan Pablo Beas

Un pollo gigante

 

Estiré las piernas, cerré los ojos y al abrirlos vi a un pollo correteando por mi jardín.

Estaba cansado después de un día terrible: había discutido con cinco compañeros, dos jefes y con la señora de la limpieza que había fregado el suelo a media mañana. Aún sentía el ardor de las trifulcas. Me desabroché la camisa y me senté en la hamaca.

El pollo extraordinariamente grande, tenía las patas naranjas y sus gritos habían alborotado a toda la comunidad, que miraba alucinada. El pollo giró la cabeza al escuchar los alaridos de los vecinos y aplastó un coche con la pata. Luego picoteó el techo de mi casa y bebió agua de la piscina del vecino, unos cincuenta litros, hasta dejarla desnuda. Ni los tiros de intimidación ni los intentos de atropello del camión de veinte toneladas dieron sus frutos. El pollo se sentó frente a mí. Me miraba, exigiendo alguna actuación por mi parte.

Pensé en levantarme pero no tenía yo el día para complicármelo más.

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