BIRDMAN, RESEÑA SOBRE EL FILM DE JUAN MANUEL ZURITA

Birdman or (The Unexpected Virtue of Ignorance) (2014)

Dirección: Alejandro González Iñárritu

Birdman reseña foto

No suelo ver cine, le tengo una reticencia inmensa que se alimenta cada vez que veo alguna película que me han recomendado mucho.

Esta vez fue Birdman, y creo que su segundo título, o epígrafe, viene a resumir exactamente lo que opino del cine: “la inesperada virtud de la ignorancia”.

Recientemente galardonada con cuatro premios Oscar (entre ellos mejor película y mejor guión, premios que a fin de cuentas hablan de cuán buena puede ser una) es el relato que parece fascinar a la industria, la de un tipo que se ve decadente y que busca una nueva oportunidad para reivindicarse con el mundo.

Hace unos años fue un ex luchador libre, hoy es el turno de un actor de cine que busca, ya no en el celuloide sino que en las tablas, una forma de demostrarse a si mismo y al mundo entero que es capaz de emprender un trabajo serio y de acallar muchas voces, entre ellas la de su propio inconsciente.

La historia, hay que reconocer es ágil y divierte, tiene todos los elementos que la hacen del gusto de cierto tipo de amantes del séptimo arte. Imagino que “ríos de caracteres digitales” (pues ya no “rios de tinta”) hablan de ella en distintos blogs colgados en la Internet, y la señalaran como un hito en cuanto a relato se refiere.

Pues no, ahí va mi crítica.

La película es buena, incluso muy buena. Las casi dos horas pasan rápido y el relato no decae en su intensidad, pero no es nada de novedosa.

Comienzo con lo que menos importancia le asigno, para de esa forma concentrarme finalmente en lo que me hace considerar a Birdman como lo que realmente es: “la inesperada virtud de a ignorancia.

Primero. Tiene un montaje que parece ser novedoso, y digo parece, pues es un falso plano secuencia. No pretendo compararlo con esos magistrales primeros minutos que “Touch of evil” (1958) de Orson Welles, ni con esa genial entrada al restaurante de Goodfellas (1990), que aunque no sirven a la trama, dan una sensación de estar frente a un juego de técnica que le aporta color a la película. En el caso de Birdman es lo contrario. Da la sensación que había que hacer un juego técnico y que el guión se tenía que adaptar a ello. Y eso resulta forzado. Se nota mucho.

Segundo. Es una historia difícil de definir entre comedia y tragedia. El mejor de los lugares comunes. Una chica con problemas de autoestima-drogadicta-hija de padre indiferente que busca que la tomen en serio. A ello se le sima un actor en decadencia-eterno inmaduro-egoísta, que busca que lo respeten, luchando con su ego y con el de otro actor genio-solitario-alcohólico. Una suma de errores, malos entendidos y disfunciones emocionales. Es un relato trágico, pero con humor. Una formula para decir mucho, sin comprometerse con nada.

Tercero.¿Era necesario ese final?, en “Thelma & Louise” (1991) las chicas saltan y la imagen explícita del Thunderbird volando en Gran Cañón dice mucho más que esa mirada perdida con la que se despide Birdman. ¿Qué es?, ¿una alegoría?, ¿una metáfora?. No es necesario dejar puertas abiertas con mensajes tácitos. Se debe llegar a eso de otra forma. Yo aún dudo si Kay Adams le creyó realmente a Michael cuando le juró que no tuvo nada que ver en el asesinato de su cuñado. Los personajes tienen que hablar por si mismo. Jugar con la cámara es hacer trampa.

Y por último: Raymond Carver

Siento que la fórmula de citar a un escritor en un filme es una forma de darle un halo de intelectualidad a la misma. Como si el sólo hecho de nombrarlo la situara en un nivel de profundidad que por si sola no tiene, y eso me molesta mucho. A veces no es un literato, sino que puede ser alguna elucubración científica (Pi, faith in chaos, 1998), o las reflexiones trascendentales en los filmes de Christopher Nolan. En este caso es la obra de un escritor que más encima está rodeado de ese halo maldito que conlleva el alcoholismo. El metarelato es una herramienta maravillosa, pero hay que saber usarlo. no es citar a un autor porque se nos da la gana. Tiene que tener una función. Por eso mismo creo que “la inesperada virtud de la ignorancia”, es lo mejor de su título. Tratar de hacernos creer que estamos frente a una obra maestra cuando, si tenemos sólo un par de referentes, nos damos cuenta que ésta no pasa de ser sólo una película más. Buena, pero una película más.

En resumen, Birdman es una buena película, pero no una gran película. Para serlo le falta demasiado. O, tomando en cuenta la enseñaza del propio Carver, le sobra demasiado.

ENTREVISTA A VICTOR GÓMEZ PIN, POR TONI RÍOS

Entrevista al filósofo Víctor Gómez Pin

Presentación

Víctor gómez Pin pregón

El pasado trece de abril, el profesor Víctor Gómez Pin nos acoge en su despacho de la Facultad de Filosofía y Letras de la UAB y nos dedica, generosamente, parte de su escaso tiempo. Aprovechamos para conversar sobre diversos temas en los que nos aporta su particular e interesante perspectiva.

Víctor Gómez Pin nació en Barcelona en 1944. En los años sesenta se trasladó a París, el epicentro de la cultura y el conocimiento, donde estudió filosofía, asistiendo a las clases y los seminarios de prestigiosos filósofos como Foucault, Deleuze y Lacan, entre otros. Basó su tesis doctoral en el orden aristotélico, por la cual fue reconocido Doctor en Estado. Desde entonces ha ejercido como profesor en las universidades de Dijon, Paris, el País Vasco, Venecia y, actualmente lo hace en la Universidad Autónoma de Barcelona, en la que enseña la asignatura de Filosofía y matemáticas. En 2009 recibió en Venecia, el Premio Internacional del Instituto Veneto di Scienze, Lettere ed Arti. Además, cada año organiza junto al compositor Tomás Marco el Encuentro Música-Filosofía que se celebra en Ronda.

De su paso por el País Vasco conserva una extraordinaria relación: continúa siendo el coordinador del Congreso Internacional de Ontología que se celebra en San Sebastián bajo el patrocinio de la Unesco y, en el cual, destacadas figuras mundiales de la ciencia y el pensamiento se reúnen cada dos años. Desde 2013 es miembro de Fakiunde, la Academia de las Ciencias, las Artes y las Letras de Euskadi. El próximo mes de junio será investido Doctor Honoris Causa por la Universidad del País Vasco.

A Víctor Gómez Pin le contemplan más de una veintena de publicaciones, entre las cuales destacan Filosofía, el saber del esclavo; premio Anagrama de Ensayo en 1989, y Entre lobos y autómatas, premio Espasa de ensayo en 2006. Justamente el día anterior a la entrevista, El País publica su obra Pitágoras, incluida en el coleccionable Descubrir la Filosofía.

Entrevista

P: –Es usted un espíritu cosmopolita.

R: –A mi me gustan los sitios donde he estado, donde he encontrado alguna razón para creer que eran admirables. Más que cosmopolita, diría que en todas partes me he encontrado bien. Cosmopolita no quiere decir casi nada, sólo se dice de alguien que no quiere comprometerse respecto a lo concreto.

P: –Kant sí creía en el cosmopolitismo.

R: –Entonces el cosmopolitismo tenía otro sentido. Ciudadano del mundo es una manera de no decir absolutamente nada. Desde el punto de vista jurídico no hay más ciudadanía que la del carnet de identidad. Desde el punto de vista filosófico, uno se reconoce, se vincula a una cierta polis. Así soy yo ciudadano, en ese sentido. Guardo estrecha relación con París, Ronda o Venecia, por decir tres.

P: –En el mundo globalizado de ahora, cómo interpreta usted las reivindicaciones identarias de algunos territorios como el nuestro.

R: –El localismo que existe ahora es una reacción y casi un corolario de la propia globalización. Hay que delimitar qué se entiende por globalización y también qué se entiende por reivindicación de lo propio. El hecho de que internet funcione en todas partes y esto suponga que debas responder al correo electrónico aún estando en el Amazonas, es una globalización triste. Si se entiende por globalización algún tipo de generalización de la riqueza, no la hay tal. En todo caso, lo que se está generalizando es la miseria. En cuanto a la difusión de la lengua inglesa, el latín tenía en aquella época muchísimo más peso globalizador que el inglés de ahora. Desgraciadamente, la globalización está con los poderes económicos que rigen los destinos de la humanidad. Esa es la que yo constato y que me gustaría que no la hubiera. Por otra parte, no hay mejores raíces que las perdidas. Si por una reivindicación de los rasgos propios se entiende algo como que los vascos hayan recuperado su lengua, que estaba absolutamente amenazada y no solo por cuestiones franquistas, estoy a favor. Las casas son las mismas ahora en Estocolmo que en Sevilla. Esto va en contra de la condición natural del ser humano, un ser condicionado también por la geografía. Deberíamos ser más respetuosos. Si el retorno a lo local favorece la diversidad de las formas de vida, de los hábitos, las costumbres, las lenguas, las tradiciones festivas y espirituales, la arquitectura y, en definitiva, la cultura, entonces me parece bien. Todo depende con qué espíritu se contemple.

P: –Se presenta un 2015 políticamente apasionante. En el horizonte, elecciones municipales, autonómicas y nacionales. Como cree que influirá la irrupción de las nuevas formaciones políticas en el tablero democrático.

R: –Nuestra sociedad está desde el punto de vista político, atascada. Hay unos poderes que controlan toda salida. Los poderes determinan nuestra cotidianidad: un trabajo embrutecedor y un ocio todavía más embrutecedor. Puede ser que dada la situación, algunas de las nuevas formaciones jueguen un papel desatascador. Yo tengo enorme simpatía al movimiento que propone Ada Colau en mi ciudad, Barcelona. Contrariamente al discurso político que nos rodea, ella es sensata, prudente y valiente por reivindicar la dignidad de los ciudadanos. No soy optimista en que lo pueda llevar a la práctica, pero una cosa es no conseguir la dignidad y otra muy diferente, renunciar a ella. Barcelona se halla sometida a la especulación, en su relación con el turismo y con las infraestructuras. No creo que los poderes reales le vayan a permitir poner coto a ese desmán. No obstante, es muy lícito que lo proponga.

P: –Dice usted que se fue muy joven a París a estudiar filosofía. Por qué París y por qué filosofía.

R: –En aquella época París era indiscutiblemente la ciudad faro. Además tuve muchísima suerte. Pude cursar allí mis estudios totalmente gratis. Sólo tuve que pagarme el seguro obligatorio. París era entonces, un hervidero de pensamiento y de oportunidades. Allí confluía el pensamiento de Foucault, Deleuze, Lévi-Strauss, Thom, Lacan, Aubenque, etc. Yo pude asistir a los seminarios de Foucault y de René Thom, el gran matemático. También a las clases de Aubenque. La gran constelación filosófica confluía en Paris y garantizaba a cualquier estudiante tener una perspectiva fresca, lúcida y también rebelde. También hubieron acontecimientos políticos. Estuvo mayo del sesenta y ocho, que a pesar de formar yo parte de él desde el primer día, no lo mitifico en absoluto. Iba a clases cuando se ocupó la Sorbona. De alguna manera, fue una especie de festival san ferminero. Todo ello supuso un impulso a la filosofía. Después del sesenta y ocho, las facultades de filosofía se llenaron. Por qué filosofía. Me parecía que era algo más que una disciplina particular con intereses determinados. La filosofía supone dignidad a través de la lucidez.

P: –Doctor en Estado por la Sorbona, fundador del departamento de filosofía de la Universidad del País Vasco, coordinador del congreso internacional de ontología y ensayista premiado y reconocido. Ha sido la filosofía justa con usted.

R: –En todo caso yo he sido, como mínimo, agradecido con la filosofía. Si tuviera que defender el papel de la filosofía en el seno de las disciplinas, diría que aporta, como dijo Aristóteles, unidad focal de significación. Sin ello, cualquier disciplina puede ser reducida a la insignificancia. De alguna manera ha sido una unidad focal de significación en mi propia vida. La reivindico como ciudadano y también como individuo.

P: –Cuales deben ser los requisitos para ser filósofo.

R: –Aspira a la filosofía aquél que aspira a la realización de su condición de ser lingüístico. Como reivindico en mi último libro, publicado justo ayer, que habla sobre Pitágoras: la filosofía es la gran aportación de los griegos a la historia de las civilizaciones. Nace en un contexto y se hace universal. Quizás la ciencia también. Los primeros científicos, los jónicos, se convierten en los primeros filósofos. La filosofía debería ser fertilizada y apoyada por cada uno de nosotros. La Unesco la definió como educadora de la humanidad, por eso mismo, creo que debería ser patrimonio de la humanidad.

P: –En 2016 se cumplirán 2400 años del nacimiento de Aristóteles. Qué significa Aristóteles para usted.

R: –En el próximo Congreso Internacional de Ontología en San Sebastián, haremos una excepción y homenajearemos el veinticuatro centenario del nacimiento de Aristóteles. Aristóteles es el que plantea sistemáticamente los problemas filosóficos. Formula las interrogaciones de manera explícita, lo cual nos ha provisto de un corpus, de un legado de cuestiones pertinentes. No siempre sus respuestas fueron adecuadas, pero, en cualquier caso, las preguntas sí lo fueron.

P: –Qué otros autores le interesan a usted.

R: –Indiscutiblemente Descartes. Obviamente Kant. Y, en conjunto, a pesar de mi escasa formación religiosa, la filosofía escolástica. Tomás de Aquino, Duns Scoto, Guillermo de Ockham y el gran Francisco Suárez. Cada uno hace las cosas dentro de un marco, y estos autores utilizaron la influencia cristiana de la época para proponer sus cuestiones filosóficas. Cuando Luis de Molina hablaba del problema de la predestinación y de la gracia, estaba planteando un problema que hoy se halla a la luz de la mecánica cuántica: la posibilidad de intervenir en el pasado, en una reflexión prodigiosa sobre el principio de causalidad. Para entender la relación entre necesidad natural y ley social, nadie como Duns Scoto. Nadie.

P: –Actualmente mucha gente se cuestiona la utilidad de los estudios de filosofía, así como sus expectativas de futuro. Cómo encaja la filosofía en un entorno tecnificado y en exceso especializado.

R: –La filosofía nunca ha tenido futuro real. Siempre ha sido la lucha contra la estulticia. En estos momentos la estulticia social es absolutamente insoportable. Por ejemplo, leí en un diario que Barcelona pretende acoger cincuenta maratones al año. Cada uno corre si quiere, pero esta especie de obligación de correr es como un vicio. La filosofía nunca ha estado bien vista. Descartes y Leibniz, entre otros, estuvieron bajo sospecha. Servet huyó de la inquisición española a Ginebra y allí lo quemaron. Y todo por decir que la sangre circulaba. Aristóteles decía que las cosas importantes de la vida exigen la libertad. Qué sería de la filosofía, si hubiera de desarrollarse exclusivamente en libertad. Olivier Messiaen compuso su cuarteto para el fin de los tiempos en un campo de concentración. Paul Ricoeur escribió buena parte de su obra filosófica en un campo de concentración. La estupidez ayuda que parezca soportable aquello que es contrario a la dignidad humana. Contra todo ello combate la filosofía. Leer a Descartes es una operación de limpieza. Desatasca el espíritu.

Foto el valor del juez

P: –El carisma de Francisco I, la difusión del Islam. Ante este panorama, cual es el papel que va a jugar la religión en el futuro próximo.

R: –A Lacan le preguntaron en Roma sobre el futuro del psicoanálisis y respondió que ninguno, que la religión acabaría por triunfar. Yo distingo ciertas formas de religiosidad popular muy dignas, como formas que tiene la persona de vincularse con su exigencia de absoluto, de las grandes instituciones eclesiásticas, cuyo poder explota los sentimientos de religiosidad de la gente. Existe una rivalidad entre el islam y el cristianismo, una competencia por el mercado. Efectivamente, hay un mercado, el de la compasión, el de la genuflexión, el del temor. En estos momentos, el islam se populariza, gana adeptos, quizás más que el cristianismo. Parece, pues, que el Papa Francisco I ha venido a paliar la situación, a ganar competencia en este mercado.

P: –Usted es miembro de Fakiunde, la Academia de las ciencias, las artes y las letras del País Vasco. A cual de estas esferas de conocimiento se halla usted más próximo.

R: –La filosofía, como dice su nombre, ni es ciencia, ni arte, ni letras. En el Conflicto de las facultades dice Kant que la filosofía ha de ser un departamento entre otros y, sin embargo, toda la universidad. La filosofía no se reconoce una disciplina especializada. Se nutre de las ciencias para su objetivo que, como dije antes, no es otro que devenir unidad focal de significación. En cuanto a la asignatura que imparto, Filosofía y matemáticas, la matemática ha atravesado la historia del conocimiento, tanto del físico como del metafísico. Es fundamental para los pitagóricos, para Platón, Galileo, Descartes, Leibniz y Kant, por citar algunos. Se trata de una antigua conexión, de una vieja tradición. Por otra parte, se ha creado una especie división en el seno mismo de los departamentos de filosofía, en forma de áreas departamentales muchas veces inconexas, que puede tener consecuencias catastróficas. Por suerte y por su diseño original, a la Facultad de filosofía de la UAB no le ocurre eso.

P: –En las últimas décadas se ha producido un progreso científico y tecnológico exponencial que ha dado lugar al desarrollo de la medicina, la genética, la informática y la energía. Sin embargo, estos progresos no han redundado en el beneficio del colectivo humano, sino que parecen, incluso, haber generado desigualdad e incertidumbre. Qué explicación tiene esta contradicción.

R: –Yo empezaría por no confundir ciencia con tecnología. La técnica es anterior a la ciencia. La técnica marca la condición humana y la ciencia nace como exigencia de inteligibilidad. Los griegos introdujeron el postulado de que la naturaleza es inteligible. A ellos les debemos la consideración de la ciencia como inteligibilidad de la necesidad natural. Dicho de otra manera, la ciencia aspira a la inteligibilidad, la tecnología, por definición, sólo a los intereses prácticos. Entender las cuatro fórmulas de la relatividad restringida de Einstein te transforma verdaderamente. En cambio, la cacharrería te crea necesidades de las cuales, en ocasiones, no estaría mal liberarse. Tampoco se debe confundir lucidez con información.

P: –Usted cataloga al ser humano como homo loquens.

R: –El hombre es un ejemplar de lenguaje. Antes había un primate.

P: –El lenguaje emocional juega un papel importante en la condición humana.

R: –La poesía es un lenguaje emocional. “La piedra es una espalda para llevar al tiempo con árboles de lágrimas y cintas y planetas”. Estos versos pertenecen al Llanto de Lorca, uno de los episodios más bellos de la poesía universal. Las metáforas conmueven. Mientras el lenguaje animal utiliza un código de señales que sólo sirve a la subsistencia, el lenguaje humano aporta otras perspectivas. El lenguaje animal difiere del lenguaje humano básicamente en dos puntos: la inteligibilidad y la poesía.

P: –Sobre la base de la naturaleza resulta la cultura. Ese podría ser el hombre.

R: –El hombre es un momento prodigioso en la historia evolutiva. Una revolución tan grande como la que supuso la aparición de la vida. El lenguaje humano, al igual que la vida es, literalmente, una emergencia. Se trata de un lenguaje extraño, de un código de señales que no se reduce a la comunicación y que no está al servicio de la subsistencia. El suicidio, por ejemplo, obedece a razones lingüísticas. El terrorista que desprecia tanto la vida de los demás como la suya propia, está bajo la influencia de una poderosa narración.

P: –Qué lugar ocupa el Quijote en nuestra cultura.

R: –Un amigo, escritor español, por cierto, me preguntó en París, si había leído el Quijote. Había leído muchísimas veces En busca del tiempo perdido de Marcel Proust, pero al Quijote llegué tarde. Me pareció un libro admirable y divertidísimo. Alterna como ninguno momentos de ironía y diversión con momentos de empatía y compasión. La compasión es un término curioso: pathos. No es lo mismo el pathos inmediato que el pathos mediatizado por el lenguaje. Los animales pueden padecer con el otro, pero nunca de manera lingüística. El perro quiere a su amo, pero el amo proyecta sobre su perro una dimensión lingüística.

P: –De hecho, en el ensayo La mirada de Proust, usted comenta que el lenguaje no es un medio sino un fin en sí mismo.

R: –El lenguaje tiene la doble necesidad de la inteligibilidad y la simbolización. La perduración queda excluida. La mecánica cuántica es una mirada prodigiosa sobre la naturaleza, una excelsa construcción lingüística, al igual que el Quijote.

P: –Que diría que es anterior, el lenguaje o la capacidad intelectual.

R: –Anterior en el tiempo es, con seguridad, el cerebro. No se puede negar que en la historia evolutiva hay un momento en el cual pasa algo, se cruza una frontera. Aunque la frontera entre los códigos de señales y el lenguaje es más equívoca de lo que, a priori, pudiera parecer. Sucede como en la vida. Los virus, por ejemplo, están en el tránsito entre lo que es vida y no vida. El lenguaje humano traspasa la frontera de la utilidad adaptativa para la subsistencia cuando la simbolización y la inteligibilidad que le caracterizan valen por sí mismas. Entonces, el fin de la poesía es expresar o es, quizás, fomentar emociones. Ese puede ser el dilema. El Nabí de Josep Carné, al que apenas se estudia ya en las facultades y así le va a la educación, es un ejemplo extraordinario. También Garcilaso, al que tampoco se estudia demasiado. Todo esto es lo que viene a denunciar la filosofía. Claro que la filosofía se reconoce tanto en Garcilaso como en Einstein, porque ambos son la condición humana. Son el símbolo y la inteligibilidad no subordinadas a la subsistencia.

Agradecimientos  

Gracias al profesor Víctor Gómez Pin por dedicarnos su tiempo e ilustrarnos con su conocimiento.

VIDA PRIVADA, DE JOSEP MARIA DE SEGARRA. RESEÑA DE JORDI CALLS

Vida Privada, la crònica de la decadència de l’aristocràcia barcelonina

Sagarra és un dels escriptors més endinsats a l’entranya viva del nostre país. Llegir una ratlla d’ell és com posar-se un corn de mar a l’orella: la seva ressonància és profunda i dilatada, i us sembla sentir-hi la bonior de la vida del nostre país”. Així va definir Josep Pla, el 1923, Josep Maria de Sagarra (1894-1961), l’autor de Vida Privada, l’última de les tres novel·les i la més reeixida, que va escriure l’any 1932, el que ha estat un dels grans poetes i escriptors catalans.

A Vida Privada, Sagarra teixeix un retrat fidel, irònic, sarcàstic i crític de l’entranya viva de la decadent borgesia catalana que vivia a Barcelona, entre els darrers anys de la dictadura de Primo de Rivera i els primers de la República. Amb un narrador omniscient, l’autor va saber mostrar a la perfecció la decadència social, moral i econòmica de la vella aristocràcia, de la qual formava part, fent ús del seu ampli ventall de recursos literaris, sempre amb una gran precisió i riquesa lèxica, i aprofitant-se, en tot moment, de la seva posició social i, per tant, beneficiant-se dels esdeveniments que havien tingut lloc al seu voltant.

Així mateix, l’obra, va ser tot un escàndol en el seu moment, no tant perquè era un testimoni dels pecats i de les disbauxes d’una certa societat degenerada, que va cosir amb precisió i destresa, sinó per com va fer públic i notori que es tractava d’una novel·la amb clau. Gairebé tots els personatges que hi va fer aparèixer eren personalitats de l’alta societat barcelonina, cares conegudes fàcilment reconeixibles pels lectors que sabien posar, en certa mesura, rostre a aquells personatges hàbilment construïts i retrats per Sagarra. Fruit de les crítiques rebudes, l’autor va voler reafirmar la seva obra en una entrevista realitzada per Melcior Font l’any 1933: “No tenen raó quan diuen que és moralment tendenciosa. Al costat de la realitat, no passa de ser una modesta novel·la rosa”.

Les descripcions acurades i adjectivades fins a la exageració, amb el conseqüent relat de la vida i peripècies de personatges que va poder observar gràcies a la seva particular situació dintre d’aquella societat, treuen a la llum la doble moral, els escàndols sexuals i les misèries econòmiques d’aquella alta societat. Tot plegat flueix en un to i en una forma que transformen l’obra en un aparador altament fidedigne del que va ser la decadència de l’alta societat barcelonina, durant dues etapes polítiques extramadament diferenciades.

Una correlació de fets històrics verídics novel·lats que no són casualitat, i és que serveixen a Sagarra per treure a la llum els contrastos polítics que viu la societat i, per tant, l’aristocràcia barcelonina, entre els anys 20 i 30 del segle XX. L’autor sap relatar amb excel·lència les vergonyes d’una aristocràcia parasitària, que viu dels títols nobiliaris durant la dictadura de Primo de Rivera, però que no pot evitar perdre poder, importància i estatus amb l’entrada de la Segona República.

17728615

El ritme de l’obra gaudeix d’una acció que va progressant i creixent de manera biològica de la mà de tres generacions d’una mateixa família de l’aristocràcia barcelonina: els Lloberola. Personatges vistos per dintre i per fora, components d’una classe social ociosa i absolutament perduda, que representen el passat de la ciutat.

L’escenari dels fets, la Barcelona de la dècada dels anys 20, amb mencions específiques i intencionades de racons grisos de la ciutat, és una façana externa, amb cases i llocs de diversió, però també és una excusa per parlar de la manera de ser dels que l’habiten, deixant entès que les ciutats són organismes vivents com les persones. Sagarra va voler fer un paral·lelisme entre la ciutat que el va veure créixer i la decadència de les classes dominants de les quals formava part i va acabar aconseguint un retrat fidel de la hipocresia, corrupció i absoluta decadència de l’aristocràcia.

Una crònica de la societat benestant barcelonina implacable, que és considerada una de les novel·les barcelonines més emblemàtiques i una de les poques novel·les de to europeu que va produir Catalunya durant el segle XX. Així mateix, la va definir Josep Pla, en el seu llibre Retrats de Passaport: ”Vida privada és una crònica social d’excel·lent adjectivació, un llibre maliciós, pensat, ple d’interès, d’una normalitat europea inqüestionable”

sagarra

RASSEL: RELATO DE ANNA LAFUENTE PONS

RASSEL

Anna Lafuente Pons

Bajando la escalera lo vi: él subía a duras penas. Tenía el pelaje blanco no muy acicalado. Era mayor y estaba demasiado grueso, todo ello le dificultaba la subida. Pasó por mi lado, pero siguió su camino escaleras arriba, pensaría que si se paraba ya no subiría más escalones. Después oí que la puerta de un piso de más arriba se cerraba.

Había sido una buena mascota, siempre estaba en la falda de su cuidador pendiente de sus caricias y ronroneando al recibirlas. Cuando le oía llegar iba hacía la puerta de la calle y le esperaba sentado sobre sus patas posteriores, sabía que su dueño le tomaría en sus brazos y le besaría. Ambos se hacían compañía, incluso dormían juntos. En invierno él dormía sobre la cama para recoger el máximo de calor y en verano se ponía debajo, pues el suelo estaba más frío. Su dueño se había tomado la molestia de enseñarle que en lugar de hacer sus necesidades en la cajita de tierra, tenía que pegar un brinco y apoyarse en la taza del váter, y él curiosamente siempre lo hacía. En verano se sentaban a tomar el fresco en el balcón que daba a la calle y ambos contemplaban los transeúntes, su cuidador le hablaba y él levantaba sus orejitas como si comprendiese lo que su amigo le decía; ambos se entendían con solo mirarse.

Su cuidador era un hombre de avanzada edad, delgado y muy alto. Tenía tres hijos que ya no vivían en casa y que tenían demasiadas obligaciones. Él apenas les veía y cuando iban a visitarle ya no sabía qué decirles, tenía la sensación que no les importaba mucho. Su mujer habitualmente no estaba en casa, iba y venía cuidando a alguno de sus nietos o ayudando a sus nueras.

Era un hombre que se había pasado su vida trabajando con ahínco para todos ellos y que ahora se sentía demasiado solo. Era él, su mascota, lo único que le reconfortaba con sus caricias. Un día como tantos otros, que su mascota estaba en su falda le dijo:

—Tengo que marcharme muy lejos y tú no me puedes acompañar.

Él no le hizo caso, siguió levantando sus orejitas y pidiéndole un premio.

—Comes demasiado y ya sabes ella nos reñirá a los dos y te obligará a subir y bajar las escaleras — dijo refriéndose a su mujer.

—Tendrás que tomarte en serio que ya no eres un chaval igual que yo y que necesitas comer menos y hacer algo de ejercicio.

Él siguió haciendo caso omiso de sus consejos y pidiéndole el premio. Su dueño, como siempre, se lo dio.

Últimamente aquel hombre salía más a menudo de casa, siempre solo, y aún parecía haber languidecido más. Conmigo había coincidido en alguna ocasión en la farmacia de debajo llevando siempre una bolsa repleta de fármacos. Otras veces desde la ventana de mi casa, le había visto entrar en el consultorio del practicante, seguramente a que le administrara algún medicamento parenteral con asiduidad. Me fijé que le costaba andar, que se cansaba más de lo habitual. Al subir las escaleras de casa lo hacía apoyándose fuertemente a la baranda, como si le faltara la fuerza para levantar el pie e iniciar la subida. Era una finca antigua que no tenía ascensor.

El mes de junio, como cada año, me marché una semana de vacaciones a la playa. Al llegar a casa la vecina salió a recibirme, entonces vi en la expresión de su cara que algo grave había ocurrido. Su relato me dejó helada y en el fondo pensé que hice bien no haber estado en casa.

Me contó que el señor del cuarto piso se había lanzado desde su balcón a la calle. Me lo contaba con horror ya que ella lo había visto todo. Aquella noche no podía dormir, tenía mucho calor y me levanté a abrir la ventana. De pronto oí un ruido, era parecido a un saco lleno de arena que cae desde arriba. Me asomé por la ventana y le vi: Él también se había tirado del balcón desesperado en busca de su cuidador y amigo y ahora no podía moverse.

Bajé rápidamente con una manta para poder envolverle y oí los chillidos y sollozos de su dueña.

—Rassel ¿por qué me has hecho esto?

Subí con él a consolar a la señora. Le dije que estaba vivo, pero que precisaba cirugía urgente, ya que me pareció que sus dos patitas delanteras estaban fracturadas.

Así era.

Tras varias semanas le volví a ver, le habían puesto unas prótesis en las patas delanteras y debía subir y bajar las escaleras a diario para que su recuperación fuera más rápida, él detestaba esta rutina. Esta vez sí que me miró reprochándome porqué lo había recogido.

DULCE SED: RELATO DE XAVIER CASANELLAS COCA

                                                                                                 Dulce sed

imagen dulce sed

Hacía una semana que el velero no se movía. Me hallaba en mitad del océano, con el motor y la radio estropeados apurando el último sorbo de agua dulce en cientos de millas a la redonda.

Miré una vez más hacia el horizonte. Buscaba retales de nubes o alguna triste ráfaga de viento que alejara aquella pegajosa monotonía. Entonces la vi aparecer. Venía a gran velocidad a lomos de un grupo de delfines. Llevaba un vestido largo, de princesa, con los bajos empapados. Al principio me pareció un dibujo, después una fotografía que al irse acercando fue cobrando vida. La ayudé a subir al barco y advertí la morbidez tersa de sus hombros debajo de aquella ropa. Era alta y de clavícula huesuda, tendría unos veinte años, y una inabarcable mata de pelo negro y reluciente le caía sobre los hombros como un racimo de uvas. Sus labios gruesos, con un sugerente lunar en el centro, y la piel oscura aunque no negra, le conferían una fuerza racial y hacían de ella una mujer hermosa.

Deslizó sus pies sobre cubierta con la sutilidad de una caricia, al tiempo que me miraba con una ingenuidad insolente. Sonrió descubriendo dos hoyuelos que no hacían más que agrandar su extensa boca. Tenía la frescura de las mañanas cuando todo está por suceder. La nariz era preciosa, una obra de orfebrería, de aletas anchas pero pequeña, que dividía unos ojos sesgados en los que se podía observar la noche a cualquier hora del día.

Ante mi asombro empezó diciendo que provenía de una pequeña isla donde moraba junto a tres baobabs y una rosa, su frágil rosa. Continuó narrándome un sinfín de aventuras que le habían acompañado a lo largo de su viaje. Lo hizo de una forma ágil e ingeniosa, como era ella. La velocidad de sus palabras dejaba unos grandes dientes al desnudo que recubiertos de una saliva burbujeante lucían de blanco marfil. Sin darle del todo la espalda, retomé mi trabajo con aquel maldito motor. Sabía que debía apresurarme en encontrar una solución. Ella, en cambio, parecía guiada por una alegría profunda.

De vez en cuando me veía casi obligado a escrutar en aquella mirada envuelta de misterio, capaz de responder una a una mis preguntas con un simple parpadeo. Me parecía tan brillante y limpia como peligrosa.

La mañana transcurrió tranquila, después llegó la tarde y por un instante pareció que aquella chica ya no tenía nada más que contarme. Hasta aquel momento yo me había limitado a escucharla y aunque pareciera extraño su silencio recuperó mi atención. Fue un silencio suave y prolongado, de aquellos repletos de sonidos, de fragancias, de tonalidades. Poco a poco fuimos aproximando nuestras miradas hasta que los dos sentimos sed. De la nada apareció una brisa, muy fina, casi inapreciable, pero suficiente para que sus cabellos acariciaran mi rostro. El cielo nos regaló una gota que fue resbalando despacio pero atrevida por cada uno de los poros de su mejilla, hasta posarse un instante eterno en sus labios carnosos. Miré hacia las nubes y no tuve la menor duda de que aquello nos haría zozobrar.

La brisa se transformó en un viento húmedo que soplaba con fuerza anunciando tormenta. Empecé a desnudar el barco recogiendo raudo las velas que se me antojaron más grandes que nunca. Las sentí suaves cuando rozaron mi piel, casi de seda, mientras, ella deslizó sus dedos sobre el timón abarcando todo su grosor, disfrutó sintiendo la solidez de la madera, la tersura de sus nudos como rígidas venas. Empapados, decidimos bajar al camarote a refugiarnos en la más profunda oscuridad, sólo interrumpida por algún efímero relámpago que iluminaba su belleza. Pude sentir como el barco temblaba, se estremecía. La madera gemía arqueándose y el perfume de la mar era salado como jamás lo había olido. Las olas iban creciendo y alzando la embarcación hasta el cielo para luego dejarla caer con furor sobre sus espaldas azules. Mientras, el viento jadeaba incansable recorriendo cada uno de los rincones de aquel barco ya a la deriva. El agua se tornó negra primero para verse luego salpicada por pedazos de espuma blanca fruto del incesante golpeteo de las olas.

Y llegó la calma. El viento cesó. El velero descansó, en reposo. La tempestad había pasado con fuerza dejando un lastre de sosiego. Subimos para sentarnos en proa, donde abrazados, con su cabeza apoyada entre mi hombro y el pecho contemplamos la luna sumergida bajo nuestros pies. Nos sentimos gigantes.

Por la mañana desapareció igual que había venido, yo seguía sin viento y ella pensando en su rosa.imagen dulce sed

LAS CENIZAS DE ÁNGELA, POR LAURA VILLARÓ VIVES

Laura Villaró Vives

Las cenizas (bol)28 mm.qxp 5 “LAS CENIZAS DE ÁNGELA”

 

“Las cenizas de Ángela”, novela autobiográfica escrita por Frank McCourt.La obra fue ganadora del premio Pulitzer, encaminando así, el autor al éxitoliterario.Frank McCourt escribe, posteriormente,otras grandes obras autobiográficas como “Lo Es” y “El Profesor”. Pero, sin duda alguna, es en este primer libro, donde podemos explotar su mejor narrativa y porque no, su desgraciada vida.

El libro relata la vida de pequeño de FranK McCourt, a caballo de las decisiones de sus padres. Primero nos expone sus primeros años de vida a América y posteriormente su vuelta, a Irlanda, sitio de origen de sus padres. La novela nos va desmenuzando los quehaceres de la familia que no consigue salir de un oscuro mundo de miseria y penas.

“Las cenizas de Ángela” desnuda al protagonista. Pero no debemos decir de él que, la autobiografía que pretende ser, consume la mejor narrativa creativa. El libro se direcciona por las historias palpando la cronología,, procura ralentizarlos períodos más suculentos y evade rápidamente aquellos que permiten al lector echar una cabezadita. Resulta significante como la voz narrativa del autor se sumerge en la infancia más noble. Adquiriendo la perspectiva infantil que requiere su personaje desde una voz que penetra al lector, es decir, nos muestra los pensamientos inmaduros des de la madurez de su narrativa.

Saber que es el mismo autor el que se despoja de toda vergüenza. Muestra la naturaleza de su infancia y adolescencia plantándola delante el público para que sea leída punzando en la pena. Pero no en la pena adherida a las palabras del autor, ya que eso no es lo que pretende de una forma artificial o superflua, sino que es el resultado. Los sentimientos que trasmite el libro son la necesidad del lector de sentirlos, no son la necesidad del autor de desarrollarlos.

Pero ante todo el libro es una historia que entrelaza las experiencias más cotidianamente tristes una detrás de otra, cayendo en el susurro de que aquello no puede empeorar, llegando incluso a ser los mismos personajes los que comparten dicha idea.

La madre de Frank, Ángela, nos conduce, sin ser la voz narrativa, por la lectura, ya que el libro se empodera de su figura para conocer las miserias de la familia, siendo ella el pilar de esta, y igualmente, el pilar de la obra. En realidad, el libro empieza situando el personaje de Ángela, siendo mucho anterior al nacimiento de Frank y sus otros hermanos. Conocemos como Ángela, siendo muy joven, llega a América, enviada por su madre a casa de sus tías. Sabemos más adelante, como conoce su marido, Malachy.

Malachy representa, en cierto modo, el antagonista de la obra. El padre de Frank, se reafirma constantemente como un borracho irlandés, incapaz de trabajar más que por una pinta, carne de tabernas oscuras, y cantador de patrias a altas horas de la madrugada. Se puede considerar que es en este personaje donde más aflora la capacidad del autor de hacernos creer en aquello que quiere sin necesidad de insistir en ello. Frank, durante la obra no pondrá en tela de juicio ninguna de las constantes burlas de su propio padre, ni tan si quiera, valorará su ineptitud, la cual, arrastra, repetitivamente, a toda la familia en lo más profundo de la miseria humana. Pero si que, el autor consigue con la simple presentación de los hechos, que el lector juzgue. Es decir, que el lector crea que, es él mismo quien decide que debe odiar aquel ser, porque es conocedor de muchos hechos que así lo ratifican.

Sin ninguna duda, este libro es una prueba de superaciones personales encadenadas reiteradamente. El autor, nos trasmitirá, a través de él, la admiración por su madre, no en forma de ídolo sino en forma de desesperación.

EL BIGOTI, UNA RESEÑA DE ANNA LAFUENTE PONS

EL BIGOTI, de Emmanuel Carrère Editorial LaBreu edicions, 2014
Traducción de Ferran Ràfols Gesa, 2014 Primera edición setiembre 2014
Título original “La Moustache” editorial P.O.L. 1986
B10uHmeIIAAtwKY

Emmanuel Carrère ( Paris, 1957) es escritor, guinista y realizador, que estudió Historia y Ciencias políticas. Ha dirigido películas basadas en la propia obra narrativa (La Moustache, L’adversaire, La classe de Neige), así como telefilmes y documentales (Le soldat perdu, Retour a Kotelnich). Como narrador ha ganado algunos premios importantes en lengua francesa y gran prestigio en novelas como: Un roman ruse (2007), L’adversaire (1999) D’Autres vies de la mienne (2009).
El bigote es una de sus primeras novelas (1986), que fue llevada al cine y diriguida por él mismo en el año 2005. Es una novela breve, sin demasiados personajes, en la que un hombre tras diez años de lucir su bigote decide afeitarselo. La inexplicable actitud de su esposa Agnès y la de sus amigos, le hacen sentir una extraña y perturbadora sensación de enajenación, de hipotética locura y de la posibilidad de una confabulación. Elucubraciones de la mente del protagonista le llenan de dudas, de suposiciones e inquietud que acaba en un angustioso viaje lleno de vértigo hasta llegar a un punto sin retorno.
Las palabras estan seleccionadas alterando el estado emocional del lector, escribiendo en una prosa sin albalorios con gran naturalidad y recordándole en todo momento al lector que es real. El horror nace de una de una simple situación doméstica como sucedía con Kafka. Es una narración psicopática que juega desde el principio con el pacto narrativo y la fingida ingenuidad del lector que aguarda que la solución que tiene en su cabeza sea la que el autor ha pensado y en la que perder no resulta una derrota sino resulta una recompensa.
Curiosamente la novela empieza por la página trece, muy poco capitulada, pero que en el final del libro los capítulos se hacen cortos y más abundantes para remarcar acontecimientos o tiempos muy concretos. El final, un lugar para salir de uno mismo, parece un sueño que va tornandose más real con viajes de donde es fácil ir pero muy dificil regresar. El bigote es un buen ejemplo del ready made narrativo y una gran descripción de la condición humana.